En mi casa, en el mueble de tantas tardes,
Bajo el celeste puro del cielo trujillano,
Único testigo de mis alegrías, de mis pesares,
Nadie me ha preguntado por qué sonrío solo.

A todos les he respondido con el brillo en mis ojos,
Con el sonido de mis sueños, con el olor de mi alma,
¡Con tu silueta sobre mis piernas!
Todos saben, ya, que te amo.

Omar Tam.