Que lejos estás de mí.
La distancia física elevada al millón.
He perdido, en el tiempo, la brújula
que me dirigía hasta ti. Estoy perdido.

El perfume del amor se respira en todos lados.
Por aquí la desilusión, quizás infantil,
ha dejado un olor nauseabundo.
Quizás soy un Judas. Dios se olvidó de mí.

Para la distancia enorme,
los sueños son atajos.
Para el olor nauseabundo,
¡Ni Dios me ha de ayudar!
OTM 28.03.11