Deshojación sagrada.

Luna! Corona de una testa inmensa,

que te vas deshojando en sombras gualdas!

Roja corona de un Jesús que piensa

trágicamente dulce de esmeraldas!


Luna! Alocado corazón celeste

¿por qué bogas así, dentro la copa

llena de vino azul, hacia el oeste,

cual derrotada y dolorida popa?


Luna! Y a fuerza de volar en vano,

te holocaustas en ópalos dispersos:

tú eres talvez mi corazón gitano

que vaga en el azul llorando versos!...




Ágape.

Hoy no ha venido nadie a preguntar;

ni me han pedido en esta tarde nada.


No he visto ni una flor de cementerio

en tan alegre procesión de luces.

Perdóname, Señor: qué poco he muerto!


En esta tarde todos, todos pasan

sin preguntarme ni pedirme nada.


Y no sé qué se olvidan y se queda

mal en mis manos, como cosa ajena.


He salido a la puerta,

y me da ganas de gritar a todos:

Si echan de menos algo, aquí se queda!


Porque en todas las tardes de esta vida,

yo no sé con qué puertas dan a un rostro,

y algo ajeno se toma el alma mía.


Hoy no ha venido nadie;

y hoy he muerto qué poco en esta tarde!


Pensamientos:

"¿Batallas? ¡No! Pasiones. Y pasiones precedidas de dolores con rejas de esperanzas, de dolores de pueblos con esperanzas de hombres, ¡muerte y pasión de paz, las populares!"

"El literato de puerta cerrada no sabe nada de la vida. La política, el amor, el problema económico, el desastre cordial de la esperanza, la refriega directa del hombre con los hombres, el drama menudo e inmediato de las fuerzas y las direcciones contrarias de la realidad, nada de esto sacude personalmente al escritor de puertas cerradas."

Por César Abraham Vallejo Mendoza.