Eres la comandante de mis sueños,

de mi ilusión, tu decides si debo amarte

o si debo amarte más.


Dictas tus antojos,

sometes al más poderoso sentimiento,

y con facilidad, que es el mío,

que es el mío pero que diriges tú.


¡Ay de mí si llego a besarte!

Caro pagaría mi insolencia,

caro pagaría mi audacia,

a tus pies caería inerte, deshabitado.

Pero, ¿en realidad es caro el precio?

Sólo sé que no debo.

Omar Tam.